7/09/2013

El buen día que nunca llega.



Eva se levanta cada mañana con prisa para ir a al trabajo. No tiene tiempo de preparar el desayuno y por eso frecuenta la cafetería de su empresa a diario.
El primer día que entró por sus puertas y notó el sabroso olor a bollitos de canela se acercó a la barra y pidió uno, junto a un café.

-No tenemos café.-dijo la mujer que atendía tras la barra.-Pero tenemos leche.
-Está bien, acompañaré el bollito con un vaso de leche, por favor.

Y Eva se dio por satisfecha.

Al día siguiente, Eva se levantó como siempre con prisas y condujo su coche de segunda mano hasta la cafetería del día anterior.
-Un bollito de canela con leche, por favor.
-No nos quedan bollitos de canela, pero puede tomar una tostada.
-Está bien.

Y Eva se dio por satisfecha, aunque con cierta molestia.

Al día siguiente en la cafetería Eva pidió una tostada y un vaso de leche.
-No nos queda leche pero puede tomar un zumo de naranja.
-Umm... claro, con un vaso de zumo de naranja también me vale.

Y Eva molesta se sentó en una mesa de la cafetería a tomarse el desayuno. "No volveré a ir a esta cafetería" pensó. Pero luego reflexiono mejor y se dio cuenta de que si no, no tendría tiempo para desayunar porque el resto de cafeterías están a bastante distancia de su lugar de trabajo.

Un día más, Eva se levantó, sin ganas de nada; no dejaba de pensar si alguna vez el día le daría lo que ella quiere, si en el trabajo la iría bien, si su jefe la trataría como se merece, si hoy tendrían en la cafetería algo decente...

-Una tostada y zumo de naranja, por favor.
-No queda zumo de naranja. Pero tenemos agua.
-Vale.

Y así Eva continuó visitando esa cafetería mientras le duró el trabajo, que no fue mucho, porque siempre llegaba de mal humor y a veces con hambre pues dejó de ir a desayunar por las mañanas.

-No tomaré nada, adiós.

Y echó a andar hacia la salida. De fondo se pudo oír como la dependienta tras la barra le dijo "espere, si quiere, puedo prepararle un café...", pero Eva no se paró.

Esa noche tras llegar del trabajo fue a encender la tele en su rato libre para desconectar, pero no echaban nada que le llamase la atención y en vez de relajarse, lo único que hacía era pensar más en su día. Así que se levantó y tomó una decisión: se levantó y preparó café y vertió un cuarto de la cafetera en una taza que hacía ya meses que no usaba. Tapó la taza con una servilleta. Cogió un viejo libro de recetas que no recordaba haber usado nada más que en la década de sus 20. Hizo bollitos, no eran de canela, pero estos le gustaban más. Los guardó con cuidado para que no se estropearan y se fue a dormir a la misma hora de siempre. Puede que incluso un poco más pronto porque no se había quedado esperando a que acabara la película mala de turno que echaban en la tele.

Al día siguiente no se levantó con muchas más ganas que otros días. Se sentía oprimida pero llegó a la cocina y se acordó de que ese día no iba a tener que ir a la cafetería y que iba a desayunar lo que le gustaba. Llenó la taza con café de leche caliente, le añadió azúcar y se sentó tranquilamente a bebérselo mientras comía un par de bollitos.

Más tarde llegaba al trabajo y pensaba "¿por qué he salido tan pronto hoy?" y es que se le había olvidado contar con que no iba a la cafetería y no iba a tener que esperar un cuarto de hora a que le sirviesen lo que solía pedir. Así que estuvo diez minutos hablando con sus compañeros, que se fumaban un cigarro a la entrada y parecían bastante amables. Sintió pena por no haberse acercado a ellos antes.

Entró de buen humor al trabajo y terminó antes todo lo que tenía que hacer. Llegó a casa y se tiró en el sofá. Después de días tan cansados este había estado bastante bien y ¿por qué? por que ella había dado el paso para que así fuera. Así que se levantó del sofá, dejó preparadas las cosas para el siguiente día y se fue a leer un rato, lo echaba de menos pero normalmente estaba demasiado cansada para hacer otra cosa que no fuera abstraerse con la televisión. Al día siguiente, a la misma hora, salió a dar una vuelta. Al siguiente a visitar a una vieja amiga . Al siguiente...



No puedes esperar a que el mundo te de lo que quieres, debes dártelo tú mismo.  A veces valdrá con un pequeño gesto, otras hará falta más esfuerzo, pero merece la pena por el placer de levantarse cada día y poder disfrutar de "tu desayuno favorito".


3 comments:

  1. ...traigo
    ecos
    de
    la
    tarde
    callada
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    ANGIEL



    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE EXCALIBUR, DJANGO, MASTER AND COMMANDER, LEYENDAS DE PASIÓN, BAILANDO CON LOBOS, THE ARTIST, TITANIC…

    José
    Ramón...


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  2. "No puedes esperar a que el mundo te de lo que quieres, debes dártelo tú mismo".

    Una gran reflexión, que hace a las personas sentirse mejor y ser como ellas quieren ser.

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    1. Muchas gracias, supongo que es algo que todo el mundo piensa alguna vez, (o con un poco de suerte, varias veces).

      Un saludo :)

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